Kuldīga · Kurzeme · Letonia
Un día en Kuldīga: el casco antiguo con más encanto de Letonia y la cascada más ancha de Europa
Un día precioso entre las antiguas calles de madera de Kuldīga, el río Venta y la cascada más ancha de Europa.
Kuldīga es una ciudad impresionante y, si estás en Letonia, diría que es una visita imprescindible.
Datos rápidos
- Ideal para
- Pasear sin prisa por el casco antiguo, descubrir su arquitectura histórica de madera, disfrutar de las vistas al río y conocer la cascada más ancha de Europa.
- Tiempo necesario
- Dedica un día completo para visitarla sin prisa; los lugares principales se pueden ver en unas tres o cuatro horas.
- Cómo llegar
- En coche se tarda unas dos horas desde Riga. El autobús directo más rápido tarda unas dos horas y media, y no hay tren.
- Conviene saber
- El casco antiguo es compacto y se recorre fácilmente a pie; normalmente se puede aparcar gratis en las calles del centro.
He estado muchas veces en Kuldīga. Parte de mi familia es de allí y, en mi infancia, iba a menudo. Pero entonces mi experiencia del lugar era completamente distinta: lo único que me importaba era cruzar la cascada de Ventas Rumba de un lado al otro. No prestaba atención a la belleza de la ciudad, que ahora admiro con ojos de adulta. Este verano volví dos veces y, esta vez, pude apreciarla de verdad.
Kuldīga es una ciudad impresionante y, si estás en Letonia, diría que es una visita imprescindible. Está a unas dos horas en coche al oeste de Riga; no queda muy cerca, pero merece la pena. Se la conoce sobre todo por Ventas Rumba, la cascada más ancha de Europa, aunque la propia ciudad justifica por sí sola la visita: su casco antiguo y su puente de ladrillo entraron en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2023. Kuldīga ofrece una autenticidad difícil de encontrar en una gran ciudad como Riga. Conserva el alma de una antigua ciudad letona, algo que se percibe en cuanto empiezas a caminar.
Un poco de historia: Goldingen y el Ducado de Curlandia
Para entender por qué una ciudad tan pequeña posee una arquitectura tan rica, conviene conocer su pasado. Durante siglos, Kuldīga fue conocida por su nombre alemán, Goldingen, y en los siglos XVI, XVII y XVIII fue una ciudad destacada del Ducado de Curlandia y Semigalia. Durante un tiempo, entre 1596 y 1616, llegó incluso a ser la capital del ducado. Bajo el gobierno del duque Jacob Kettler, en el siglo XVII, se convirtió en un activo centro de comercio y artesanía, y buena parte del casco antiguo que se recorre hoy procede de aquella época próspera. Es uno de los paisajes urbanos históricos mejor conservados de esta parte de Europa, precisamente lo que le valió el reconocimiento de la UNESCO tras más de veinte años de esfuerzos para conseguirlo.
Lo que noté al pasear fue cómo se ha conservado la ciudad. Muchos cascos antiguos se quedan congelados como un bonito decorado para los visitantes o se reconstruyen discretamente tras fachadas de época. Kuldīga conserva también los elementos corrientes y cotidianos, hasta los cobertizos de madera para la leña que hay detrás de las casas, de los cuales no se ha demolido ni uno solo. Esa es la diferencia entre una ciudad que protege su carácter y otra que solo protege su imagen de postal, y por eso Kuldīga sigue siendo un lugar real en vez de un museo de sí misma.
Cómo llegar y dónde aparcar
La forma más sencilla de llegar a Kuldīga es en coche. Está a unas dos horas de Riga. Si no tienes coche, no te preocupes: hay autobuses desde Riga con bastante frecuencia. Cuestan unos 8 € por trayecto y el autobús directo más rápido tarda alrededor de dos horas y media, aunque algunos tardan bastante más debido al horario y las paradas, así que comprueba los horarios antes de salir. No hay tren a Kuldīga.
Nosotros visitamos Kandava y Sabile de camino a Kuldīga; son dos paradas sencillas que merecen la pena durante la ruta hacia el oeste.
Una vez allí, aparcar no supone un gran problema. Recomendaría dejar el coche al otro lado del puente o en alguna de las calles del centro, donde normalmente se puede aparcar gratis.
¿Cuánto tiempo conviene dedicarle? Diría que un día completo permite verlo todo a un ritmo tranquilo, con paradas para comer y tomar algo por el camino. Pero, si dispones de poco tiempo, puedes conocer la mayoría de los lugares principales en unas tres o cuatro horas, ya que la ciudad es pequeña y todo queda cerca.
Empieza por el casco antiguo y no tengas prisa
Mi principal consejo es este: recorre el casco antiguo sin prisa. Es pequeño y compacto - una vez aquí, no necesitas coche en absoluto -, pero merece un paseo pausado porque, de lo contrario, no te fijarás en toda su hermosa arquitectura. Camina despacio, levanta la vista y entra en las calles laterales.
El corazón de todo es la plaza del Ayuntamiento (Rātslaukums), con el ayuntamiento y los edificios históricos que la rodean. Desde esta plaza central se llega a todas partes. Uno de los edificios cercanos es la casa de Steffenhagen (Stefenhāgena nams), residencia de un antiguo alcalde de Kuldīga. El rey Carlos XII de Suecia se alojó allí en 1701 y dejó un baúl que todavía se puede ver al asomarse al vestíbulo; yo entré un momento para mirarlo. La casa también alberga la mayor chimenea de campana de Curlandia. Es un detalle pequeño y curioso.
Guardo un bonito recuerdo de infancia de los malkas šķūnīši, los pequeños cobertizos de madera para la leña situados junto a las casas. En Kuldīga siempre están perfectamente ordenados y dan a la ciudad un aspecto imposible de reproducir en otro lugar, una escena que casi no encontrarás en ningún otro sitio.
El casco antiguo invita sobre todo a caminar y observar. Su arquitectura de madera es única y hace que te detengas a contemplarla. Puedes acercarte a la Iglesia católica romana de la Santísima Trinidad (Kuldīgas Trīsvienības Romas katoļu baznīca), aunque me gustaron aún más las preciosas casas de los alrededores, con el césped muy bien cuidado.
Por mi experiencia, recomiendo alejarse también de la plaza central, recorrer las calles de los alrededores y pasar por la Iglesia evangélica luterana de Santa Ana (Kuldīgas Sv. Annas baznīca). Es la iglesia más nueva de la ciudad, construida en 1904 en estilo neogótico, y se hizo esperar: se recaudaban donativos para levantarla desde 1606, pero el dinero se desviaba una y otra vez hacia necesidades más urgentes, por lo que acabó construyéndose trescientos años después.
Liepājas iela es otra calle estupenda para recorrer a pie, flanqueada por edificios preciosos y llena de comercios, entre ellos algunas tiendas de souvenirs pensadas para los turistas. Aquí también se encuentra Adatu tornis (la Torre de la Aguja).
Al final de Liepājas iela, la estatua Teleport rinde homenaje al duque Jacob de Curlandia.
Aleksupīte: la pequeña Venecia de Kuldīga
Otro de esos momentos tranquilos y especiales llega al descubrir el Aleksupīte, el pequeño arroyo que discurre pegado a las paredes de los edificios. Por eso a veces se llama a Kuldīga la «Venecia de Letonia»; es otra de las maravillas de la ciudad. Como todo queda cerca, resulta fácil encontrarlo: uno de los accesos está junto a la plaza central, a la derecha del ayuntamiento, por una de las pequeñas calles paralelas. Uno de los mejores puntos es el pequeño puente peatonal, Gājēju tiltiņš, aunque también puedes seguir el arroyo y dejar que te guíe.
Dónde comer
Si buscas dónde comer mientras recorres el casco antiguo, te recomiendo especialmente Marmelāde. He ido dos veces y volvería sin dudarlo. Se conoce sobre todo por su pastelería, pero allí tomamos un almuerzo sencillo y perfectamente presentado: siera šķiņķa pankūkas, unas tortitas de queso y jamón que estaban buenísimas. Además, el plato era barato, unos 7 €. Es un auténtico hallazgo que combina calidad y muy buenos precios.
En la plaza central y sus alrededores hay otras buenas opciones. Goldingen Room suele recomendarse para comer pizza - incluso ha recibido el reconocimiento de la guía gastronómica nórdica «White Guide» -, mientras que Pagrabiņš, situado en una antigua bodega de ladrillo junto a la plaza, sirve cocina letona.
Hacia el río y el puente de ladrillo
Cuando hayas recorrido el casco antiguo, sigue Baznīcas iela, la calle que parte de la plaza central, hasta el río Venta. Por el camino hay algunas tiendas de souvenirs, por si te interesan.
Durante la bajada pasarás por Aleksupītes ūdenskritums (la cascada de Aleksupīte), donde el pequeño arroyo cae por lo que parece una presa de poca altura. Merece una parada: el puente situado encima tiene una ornamentación preciosa y desde aquí comienzan también las bonitas vistas hacia el río Venta y el famoso puente de ladrillo. (Un par de detalles interesantes: con unos 4 metros, este modesto salto es en realidad la cascada natural más alta de Letonia, mientras que Ventas Rumba, justo a la vuelta de la esquina, es la más ancha de Europa. Además, no siempre fue un simple elemento decorativo: en el siglo XVII, el salto se utilizaba para impulsar la primera fábrica de papel de Curlandia).
Sigue caminando y enseguida llegarás a Ventas Rumba y al puente.
Cruzar el antiguo puente de ladrillo es una de esas experiencias que no te puedes perder. Construido en 1874, mide unos 164 metros y es el puente de carretera de ladrillo más largo de su tipo en Europa. Desde él se contemplan unas vistas magníficas de Ventas Rumba y del río. A mí me parece extraordinariamente bonito durante la hora dorada, cuando los tonos rojos del ladrillo se intensifican y todo el puente parece brillar.
Ventas Rumba: la cascada más ancha de Europa
Te recomiendo cruzar el puente y acercarte a Ventas Rumba desde la otra orilla. Allí encontrarás una zona natural por la que puedes caminar junto a la ribera en dirección a la cascada, con unas vistas preciosas. Sinceramente, las dos orillas son bonitas y cuesta elegir entre ellas, así que recórrelas y decide cuál prefieres.
La cascada tiene un aspecto salvaje: es increíblemente ancha y, con el puente de ladrillo al fondo, la imagen resulta mágica. Es la cascada más ancha de Europa y se extiende unos 249 metros a lo ancho del río Venta - durante las crecidas de primavera llega incluso a los 270 metros -, aunque tiene muy poca altura, apenas algo más de un par de metros. Aquí no importa la caída, sino la anchura.
Y un dato curioso: en algunas épocas del año, los peces saltan fuera del agua al intentar remontar la corriente. Es poco probable que los veas en verano - sucede sobre todo en primavera y otoño -, pero yo lo presencié una vez y la escena resulta realmente divertida. De hecho, antiguamente Kuldīga era conocida como el lugar «donde los salmones se pescaban al vuelo». Si te atreves, incluso puedes atravesar Ventas Rumba a pie por el agua, aunque puede resultar resbaladizo.
En esta orilla también se encuentra la torre de observación de Kuldīga (Kuldīgas skatu tornis), una construcción alta y ligeramente inclinada. Sin embargo, queda bastante lejos de Ventas Rumba, así que no esperes contemplar la cascada justo debajo.
Para observar Ventas Rumba desde arriba, uno de los mejores puntos es el paseo situado junto al puente del casco antiguo, en Pils iela. Hay unos prismáticos de uso gratuito con los que puedes contemplar el río Venta a lo lejos y, si prefieres disfrutar de las vistas con una copa en la mano, Pils iela cuenta con varios restaurantes.
Ya que estás en esta orilla, merece la pena visitar el Museo del Distrito de Kuldīga (Kuldīgas muzejs) si quieres profundizar en la historia de la ciudad. Justo al lado se encuentra el Parque del Castillo (Pils parks), con unas fuentes preciosas y muy bien cuidadas; merece un paseo breve solo para ver el esmero con el que se mantiene.
El lado más creativo de Kuldīga
Conviene mencionar que, en los últimos años, Kuldīga está atrayendo a gente nueva y se está volviendo cada vez más popular, especialmente entre los visitantes jóvenes. Un buen ejemplo es el barrio de Kaļķu iela (Kaļķu ielas kvartāls), una antigua zona industrial de garajes y talleres situada junto al centro histórico que se ha transformado en un espacio creativo. Ahora alberga bares, una cervecería, un tostadero de café y espacios culturales, además de acoger conciertos y eventos. Es una buena muestra de que Kuldīga no se ha convertido en un museo congelado en el tiempo, sino que sigue siendo un lugar vivo y en evolución.
Si puedes, ven durante la fiesta de la ciudad
Visité Kuldīga dos veces este verano: una para recorrerla como turista y otra durante su fiesta anual, que se celebra a finales de julio. Es entonces cuando la ciudad cobra vida de verdad, con numerosos visitantes y conciertos en cada rincón. Las fechas cambian de un año a otro, así que, si estás en Letonia por esas fechas, comprueba cuándo se celebra y, si puedes ir, hazlo.
¿Merece la pena Kuldīga?
Kuldīga es ideal para quienes buscan el alma de los lugares. Su increíble encanto se percibe en cuanto bajas el ritmo y dejas que la ciudad se muestre poco a poco. Para mí es más que un bonito casco antiguo: es un lugar ligado a mi infancia que ahora he aprendido a mirar con unos ojos completamente distintos. Si llegas a Letonia y tienes un día libre, dedícaselo a Kuldīga. Las dos horas de viaje desde Riga merecen la pena, y mucho.
Preguntas prácticas
¿Merece la pena visitar Kuldīga?
Sí. Kuldīga reúne un casco antiguo magníficamente conservado, el histórico puente de ladrillo y Ventas Rumba, por lo que es una de las excursiones de un día más completas de Letonia.
¿Cuánto tiempo se necesita para visitar Kuldīga?
Un día completo permite recorrerla con calma, aunque la mayoría de los lugares principales se pueden conocer en unas tres o cuatro horas.
¿Cómo se llega a Kuldīga desde Riga?
En coche se tarda unas dos horas y es la opción más sencilla. También hay autobuses directos desde Riga; el trayecto más rápido dura alrededor de dos horas y media. No hay tren a Kuldīga.
¿Se puede cruzar Ventas Rumba a pie?
Es posible atravesar la cascada por el agua cuando las condiciones lo permiten, pero las rocas pueden estar resbaladizas. Conviene extremar la precaución y no cruzar cuando el caudal sea alto.